Página principal
English English Version
-

Diario de viaje: Río San Juan

ViaNica.com > Especiales > Diario de viaje: Río San Juan

Día 1 – Llegada a San Carlos

Mapa

La avioneta que nos trasladaría del aeropuerto internacional de Managua hasta la ciudad de San Carlos, cabecera departamental del departamento de Río San Juan, era bastante pequeña; tanto, que los ocupantes no podíamos estar totalmente erguidos dentro de ella. Era una Cesna bastante cómoda, con capacidad para 14 pasajeros. Salimos a las 2 de la tarde en un viaje de apenas 45 minutos de duración.

Cierto que el tiempo de vuelo era bastante corto, sin embargo, la ruta del viaje nos llevó a sobrevolar algunos de los más bellos puntos del país. Poco tiempo después del despegue, pudimos observar (a pesar del día un tanto nublado) la silueta del volcán Mombacho y frente a él, entrando al lago de Nicaragua, la península de Asese rodeada por las más de 300 isletas que se observaban apenas como pequeños puntos. Minutos después de sobrevolar las aguas de este enorme lago de 8 mil kilómetros cuadrados, apareció en el horizonte el cono casi perfecto del volcán Concepción en la Isla de Ometepe. Desde arriba era interesante observar el contorno de esta parte de la isla formada por dos volcanes. Luego, se podía apreciar el istmo y a continuación el dormido volcán Maderas.

Un poco después de una vista de lago, más lago y más lago, sobrevolamos el archipiélago de Solentiname y sus 36 islas de diferentes formas y tamaños. Sabíamos que nuestro destino estaba ya muy cerca, pues estas se encuentran a pocos kilómetros de la ciudad de San Carlos. Muy pocos minutos después se mostraba ante nosotros la costa sureste del enorme lago y el inicio del serpenteante río San Juan. En un rinconcito de ese encuentro se observaba la histórica y pequeña ciudad de San Carlos, y las extensas fincas agropecuarias en su parte posterior.

Aterrizamos en el pequeño aeródromo de la ciudad. La pista no es muy grande; en realidad es una pista de tierra. La Terminal es apenas una pequeña casa de concreto bastante pequeña en la que hay una cafetería y el escritorio de control de La Costeña, la sola compañía aérea que realiza viajes a San Carlos. En la Terminal había un miembro de la policía, uno del ejército, la encargada de la compañía y unas personas que aparentemente esperaban hacer el vuelo de retorno o recibir a los recién llegados. Quizá media hora después salió nuevamente la avioneta con destino a Managua. Esta vez llevaba menos pasajeros: solamente uno, para quien sería una especie de viaje privado.

Los únicos vehículos en la Terminal aérea eran tres taxis que esperaban dar servicio a los pasajeros. Nosotros tomamos uno interesante; era una camioneta todo terreno que prestaba el servicio (quizá en esta parte del país es necesario un poco más de potencia para viajes en taxi a zonas rurales). Nos dirigimos en él al centro de la ciudad. El taxista cobró apenas C$ 10 córdobas por persona.

Cerca del centro, donde hay un parque y casas que lo contornan (además de la iglesia), está la oficina de información turística del Instituto Nicaragüense de Turismo. Es básico visitar este sitio para enterarse de horarios de lanchas públicas y privadas, hoteles y toures disponibles y precios aproximados. Aquí nos tomamos algún tiempo para organizar nuestra gira, con ayuda de las señoras amables, de gran disposición, que ahí trabajan.

Luego realizamos la visita a la ciudad. Esta tiene calles un poco inclinadas pues está ubicada en una loma que desciende hacia las riberas del río o la costa del lago. Cerca de la oficina de información turística está el malecón en el lago, cerca del cual emerge una oxidada chimenea metálica de algún antiguo barco de vapor, de los que antaño surcaran el lago y el río.

Subimos después hacia el centro (se camina apenas menos de 300 metros desde el malecón). En uno de los costados del parque central hay una loma en donde está el fuerte histórico de San Carlos, desde donde se domina el lago y el río. Este fue construido en un inicio por los colonizadores españoles para mantener el control del San Juan, que conecta el mar caribe con el interior del país a través del gran lago. Posteriormente el fuerte funcionó como base militar y cárceles por los gobiernos militares a lo largo de la historia. Actualmente, ahí funciona el centro cultural José Coronel Urtecho (lleva el nombre de un escritor nicaragüense que pasó parte de su vida en la zona), de entrada gratuita, en donde hay afiches que narran la historia del río y de la zona, y detallan la biodiversidad existente. Además, hay tres miradores y la biblioteca municipal.

Descendimos y nos dirigimos hacia el mirador de la ciudad, ubicado muy cerca de la costa del lago. Desde ahí se puede apreciar el inmenso lago Cocibolca (o Lago de Nicaragua) y las primeras islas del archipiélago de Solentiname, además del nacimiento del río. Hay tres cañones de artillería antiguos, que quizá protagonizaron las batallas en contra de piratas y de fuerzas inglesas durante las guerras contra el imperio colonial español. Desde ahí pudimos apreciar un atardecer un tanto nublado, que hacía ver el círculo rojizo del sol a través de un filtro de nubes claras, y el lago con algunas siluetas de lanchas ancladas y de vez en cuando algunos cayucos de remos en el que una u dos personas se desplazaban.

Hay varios hoteles y hospedajes cómodos en la ciudad. Nosotros nos hospedamos en un nuevo hotelito llamado La Posada de Santa Teresa, que está en la parte norte de la ciudad. En la noche cenamos en uno de los buenos restaurantes cerca del centro. Una de las especialidades culinarias de la zona son los pescados, preparados de diversas formas. Luego de comer y de caminar un rato por la ciudad (hay siempre bastante gente en las calles), nos dirigimos al hotel a descansar, pues a la mañana siguiente partiríamos al pueblo de El Castillo.

En San Carlos siempre hay “chayules”, unos insectos voladores que parecen mosquitos color verde (pero estos no pican). Ya ha ocurrido en algunos años que la cantidad de chayules es tan grande que se considera una plaga molesta que al anochecer se concentran en enormes cantidades en las fuentes de luz. A la gente no le queda más alternativa que aislarse en sus casas. Aunque siempre hay chayules en San Carlos, no siempre son una plaga. Nosotros no nos topamos con un momento de plaga.

Navigation

 

¿Sugerencias u observaciones? Háganoslas saber.

¿Otros temas? Vea los Archivos de Especiales | Regreso a pagina principal